5 mitos sobre la medición de impacto

En el ámbito de las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC), existen algunos mitos sobre la medición de impacto que impide que muchas de ellas emprendan la tarea oportuna y correctamente.

En las siguientes líneas, intentaremos ir tumbando los mitos más populares para animarte a iniciar la medición de impacto de tus iniciativas sociales.

1. No necesito medir el impacto de un programa que funciona.

Suena bastante lógico pensar que si nuestro programa funciona correctamente, porque tenemos datos fácticos que lo comprueban, no hay necesidad de iniciar un proceso de medición de impacto, pero ¿y si resulta que el programa no está cumpliendo el objetivo último que pretende en sus beneficiarios?

En ese caso habríamos perdido muchísimo tiempo y dinero, y saben lo que dicen: el dinero se recupera, por más que duelan los bolsillos, pero el tiempo y las oportunidades jamás. 

Porque la verdad es que evaluar el impacto de un proyecto tiene asociado unos gastos y es natural que exista la tentación de pensar en direccionar esos fondos a la expansión del programa antes que a su evaluación.

¿Cuál es la verdad?

Sí, medir impacto tiene un costo, pero nunca será tan alto como el que te implicaría seguir adelante con un programa que no está cumpliendo sus objetivos.

Recuerda que se sumará al costo monetario, un costo en imagen y credibilidad entre las audiencias de interés para la OSC.

Una recomendación para lidiar con este costo es: definir correcta y claramente los objetivos, las actividades y los indicadores, de tal modo que se optimice al máximo el tiempo y los recursos que se inviertan en el proceso de medición.

2. El impacto aumenta si gasto más.

Este mito responde a una confusión según la cual mientras más alto el presupuesto de mi programa, mayor será su impacto porque puedo llegar a más gente y aumentar sus beneficios.

¿Cuál es la verdad?

La verdad es que si no sabes si tu programa está teniendo el efecto deseado y en qué medida, puede que estés gastando más dinero del que realmente necesitas para lograr el cambio al que apuntas con tu programa.

Con datos fácticos puedes conseguir un gasto social efectivo y eficiente.

3. Los resultados de las evaluaciones son para la directiva de la organización.

Otro mito que ronda el ámbito de las OSC, es el relacionado con el destino de los resultados de esa evaluación; se cree que responden a una exigencia estilo caprichosa de la directiva, por lo terminarían entregándose solo a los dirigentes en una sesión a puerta cerrada.

¿Cuál es la verdad?

La verdad es que de los inputs que se obtienen de los procesos de medición de impacto, se consiguen mejores resultados cuando se socializan. Especialmente, si se comparten con los ejecutores del programa y con la población objetivo.

Además, la transparencia de los procesos y los resultados es clave para lograr sinergia y el compromiso ético y emocional en el equipo, en los beneficiarios y en otras audiencias. 

4. Las evaluaciones sólo se hacen al final del proyecto

Para muchos, la medición de impacto requiere que el programa ya se haya ejecutado y “procesado” por sus beneficiarios.

¿Cuál es la verdad?

La realidad es que  hay evaluaciones que se pueden ir realizando en todas las etapas. De hecho, de acuerdo con la Teoría del Cambio, deberíamos ir evaluando distintos indicadores desde el inicio del programa.


Hacerlo así, desde el principio, es la clave para descubrir con certeza la medida en la que se está logrando cambiar la vida de las personas.

5. Nada de lo que hagamos para ayudar es en vano

Con buena fe o no, hay quienes afirman que nada de lo que hagamos para ayudar es en vano, pero la verdad es que esto puede no ser tan cierto como parece.

¿Cuál es la verdad?

Lamentablemente, no son pocos los casos en los que un programa muy bien intencionado termina arrojando resultados contrarios a los pretendidos.

Es el caso el del programa “Scared Straight” (EUA), en el cual se invirtió dinero y décadas de trabajo y resultó que influyó en el aumento de la tasa de incidencia criminal en la población vulnerable.

Esto significa que una intervención social puede, no solo fracasar en su intento de lograr un cambio positivo, sino que hasta puede hacer daño a una población vulnerable. Amén del esfuerzo y dinero que se pierde.

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